La aldea de la Luna... parte VII

martes, octubre 06, 2015

Continuación...


Cuando finalmente llegaron a reunirse con la otra mitad del equipo, Aramis seguía notablemente afectado, Alejandro, quien estaba más acostumbrado a ver situaciones no muy agradables solo lo había visto como algo que no está bien y que no debería ser pero sin embargo es, algo que no se puede cambiar o evitar, de hecho, la actitud de Alejandro era más acertada, pues no tenía caso preocuparse más de la cuenta con algo que lleva mucho tiempo haciéndose y que difícilmente va a cambiar. 

Alejandro se quitó la capa y la enrolló para usarla de almohada, volteó a ver a las dos mujeres que estaban entretenidas preparando sus armas, vio como una pulía los cuchillos con tanto esmero que parecía ser una tarea sagrada, la otra alistaba las flechas y las colocaba cuidadosamente una por una en el estuche. Sintió ganas de hablarles pero ellas rara vez hablaban con ellos, aunque la de las flechas se mostraba más amable la otra siempre ponía una barrera muy difícil de atravesar, llevaban "juntos" casi una semana y aún no sabía sus nombres. Se enderezó y se quedó observando a la de los cuchillos que al sentir la mirada de Alejandro volteó. 

Hola - dijo Alejandro sonriendo.
Ella solo lo miró y siguió en lo suyo. Alejandro suspiró desanimado, siempre que la saludaba ella se limitaba a verlo y hacer como si no lo hubiera escuchado. La joven de las flechas tomó sus cosas y se fue a practicar su puntería con las aves que pasaban por ahí, Alejandro vio ahí una oportunidad y se acercó.

Hola - dijo al mismo tiempo que sacaba su espada - ¿puedo sentarme junto a ti?
Ella dijo que si con la cabeza.
¿Cuál es tu nombre? - dijo Alejandro viéndola fijamente - he escuchado a la otra chica llamarte Nightblade
Ese es mi nombre - dijo ella 
Oh, no... ese no puede ser tu nombre, así como mi nombre no es caballero rojo sino Alejandro, dime, ¿Cuál es el tuyo? - respondió mientras estiraba la mano para tocar su hombro
Ella levantó el cuchillo sin pensarlo, hiriendo a Alejandro en la mano.

El apartó la mano rápidamente, la vio a los ojos sin entender porqué había hecho eso y dio la vuelta, la sangre escurría por sus dedos dejando un caminito de gotas rojas, la espada que se quedó junto a Nightblade vibraba a la vez que los rubíes se coloreaban de un rojo más intenso. Ella se sentó junto a la espada y observó la sangre que estaba en el suelo, apretó fuerte los cuchillos con sus manos y lloró en silencio mientras sentía como el corazón latía más rápido que de costumbre.

Continuará

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